
El pasado 25 de marzo de 2026 hemos celebrado un nuevo aniversario de la fundación de nuestro Instituto —y de toda la Familia Religiosa—. En esta misma fecha se cumplen también 30 años de la promulgación de la exhortación apostólica postsinodal Vita consecrata, de San Juan Pablo II, dedicada a la vida consagrada y a su misión en la Iglesia y en el mundo.
Este documento fue promulgado por el Papa como fruto de la Asamblea del Sínodo de los Obispos sobre la vida consagrada, celebrada en octubre de 1994, poco más de un año antes.
Todos conocemos el inmenso bien que este luminoso documento ha hecho en la Iglesia y, de modo particular, en nuestra naciente Familia Religiosa. Más aún si se considera que San Juan Pablo II ha sido una fuente inspiradora de nuestros Institutos: en cierto sentido, lo reconocemos como “padre” de nuestra Familia Religiosa, por la profunda huella que ha dejado en nosotros su extenso y rico magisterio.
Baste señalar, a modo de ejemplo, que numerosas expresiones de nuestra fórmula de profesión de votos —especialmente aquellas de mayor densidad teológica— están tomadas de Vita consecrata, expresando realidades propias de nuestro carisma. Asimismo, en nuestro derecho propio se han incorporado cerca de un centenar de citas de este documento.
Por ello, como Familia Religiosa, deseamos conmemorar este aniversario a partir del 25 de marzo de 2026, Solemnidad de la Encarnación del Verbo, poniendo a disposición materiales de nuestro rico patrimonio espiritual que ayuden a profundizar en los diversos aspectos abordados por el Papa.
Durante un año —hasta el 25 de marzo de 2027— iremos publicando mensualmente distintos contenidos: textos, conferencias, videos, audios, homilías, entre otros, con el fin de volver a meditar y redescubrir la riqueza inestimable de la vida consagrada.
Estamos convencidos de que el estudio y la profundización de este documento, tan estrechamente vinculado con nuestro carisma, nuestro modo de vida en la Iglesia y nuestra misión apostólica dará abundantes frutos.
Encomendamos este camino a nuestra queridísima Madre de Luján, pidiéndole que este año sea de gracia para cada uno de sus miembros y, a través de ellos, para toda nuestra Familia Religiosa y la Iglesia.